Desmontando el mito de la fibra óptica como una inversión cara y difícil de asumir

El despliegue de fibra óptica a nivel masivo se plantea como uno de los grandes retos en los países desarrollados para los próximos años. La elevada inversión que requiere frena un mayor desarrollo, pero las instituciones deberían tener en cuenta que se trata de una inversión ostensiblemente menor que otras en las que colaboran de forma activa.

Un interesante artículo publicado en Diffraction Analysis nos sumerge en el debate sobre el mito del despliegue de fibra óptica como una inversión extemadamente cara. El precio establecido en torno al despliegue de Fibra hasta el Hogar está estimado en unos 1.000 dólares por hogar. Efectivamente, se trata de una cantidad bastante elevada, pero entenderla como "cara" es bastante relativo según el punto de vista que argumenta el autor del texto, comparando esta inversión a varios niveles.

El primero de ellos es a nivel estatal. Un gobierno que desea acelerar el desarrollo de banda ancha de calidad en su territorio podría enfrentarse a la elección entre esta inversión o el desarrollo de nuevas carreteras, puentes o líneas de tren. En el texto se pone como ejemplo la inversión en Francia en la creación de una línea de alta velocidad que conectará en los próximos años París a Burdeos que servirá para conectar ambas ciudades de una forma más veloz, pasando a tardar el trayecto 2 horas y 20 minutos. Esto supone una mejora de 40 minutos respecto a las actuales 3 horas.

El coste de esta inversión está estimado en 7.800 millones de euros, de los cuales un 44% lo aportan instituciones públicas. Cablear con fibra óptica todo el país -incluidas zonas rurales- tendría un precio de unos 30.000 millones de euros, casi cuatro veces el precio de reducir este trayecto 40 minutos. ¿Se puede considerar el despliegue de fibra como una inversión cara si lo comparamos con esta mejora ferroviaria? Parece que el despliegue de fibra óptica es una inversión más económica que la que suponen gran parte de las infraestructuras públicas, por lo que no se puede considerar "cara" e inasumible.

Desde el punto de vista de inversores privados, el autor del texto toma como ejemplo el precio de los alquileres dentro de la ciudad de Nueva York, donde un pequeño piso con una única habitación puede costar 2.500 dólares al mes. Mientras esta cantidad parece de lo más normal en la ciudad estadounidense, la cifra de 1.000 dólares de inversión se ve como demasiado elevada a pesar de que puede ser fácilmente rentabilizada en cuestión de tiempo.

El ejemplo que pone el texto en relación a la comparación de esos 1.000 dólares con otros niveles es el del consumidor. Fueron miles los clientes que cosechó el nuevo iPad en su salida al mercado y a pocos les parecía entonces "caro" adquirir un equipo con un precio medio de 750 dólares por unidad. El autor del artículo insiste en desmontar el porqué un dispositivo sí tiene un precio normal y el despliegue de fibra es visto por muchos usuarios como una inversión muy cara. Desde luego, un punto de vista interesante que quizá deberían plantearse adoptar las instituciones, recordando la necesidad de mejora en las redes dictada desde la Unión Europea para cumplir con los compromisos de la Agenda Digital.