Los implicados en la trama de la SGAE lograron pisos y joyas gracias al desvío de fondos

El sumario de la Operación Saga sigue dejando evidencias del desvío de fondos millonario que se produjo dentro de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y que se destapó el pasado mes de julio. Los últimos datos vuelven a señalar al cerebro de la trama, José Luis Rodríguez Neri.

El diario Público sigue ofreciéndonos datos del escándalo en torno a los millones de euros desviados desde la SGAE a cuentas e intereses privados en lugar de destinarlos a la compensación de los artistas por el derecho a copia privada. El informe de la Guardia Civil ha vuelto a dejar en evidencia que las cantidades económicas que movían los implicados no eran precisamente pequeñas.

En el registro del domicilio particular de Neri, director general de la filial de la SGAE denominada SDAE, las autoridades hallaron "numerosas facturas de joyas y obras de arte" además de una completa colección de "15 relojes de pulsera". Esto dista mucho del calificativo de "austero" con que José Ramón Márquez, más conocido por su nombre artístico, Ramoncín, definió a Neri en los primeros momentos del caso.

Como sucede en este tipo de casos, el implicado no tiene grandes propiedades a su nombre. De hecho, el citado inmueble está registrado a nombre de su pareja, también implicada en la trama. No obstante, no es el único, ya que la pareja cuenta con un chalé unifamiliar y adosados en Cádiz -todos ellos a nombre de la mujer- y que fueron fruto del negocio conseguido con Microgéneis, la empresa que Neri fundó y que se sitúa como origen del desvío de dinero.

En dicha empresa trabajaron familiares como la hija y la hermana de Neri. Esta última acaba creando su propia empresa que "casualmente" recibe 1,2 millones de euros de la SGAE a través de Microgénesis, la SDAE y Portal Latino. Sin embargo, resulta más que llamativo que su renta mensual sea de tan sólo 2.000 euros y que, además, consiga préstamos hipotecarios de hasta 800.000 euros para adquirir dos inmuebles en Madrid.

Estos datos se unen a los que conocimos la semana pasada y que demostraban cómo se llegó a pagar desde la SGAE a personas que ni siquiera trabajaban así como la existencia de misteriosos cheques en blanco firmados. Tirar de la manta no está siendo fácil para las autoridades pero las pruebas en contra de la entidad de gestión de derechos de autor siguen acumulándose.