Un estudio vincula drogas, alcoholismo y redes sociales

Un estudio vincula drogas, alcoholismo y redes sociales

Javier Sanz

La Universidad neoyorquina de Columbia ha hecho público un reciente y polémico estudio en que se vincula el uso de las redes con el grado de adicción a las principales drogas. Varias asociaciones ya han mostrado su rechazo a un estudio que consideran simplista y sensacionalista.

En ocasiones se publican estudios cuya calidad, contenido, objetivo y transcendencia son, cuanto menos, dudosos. Este podría ser el caso de este último estudio que, con la etiqueta de científico, ha mostrado unos resultados bastante sorprendentes: el uso continuado de redes sociales (el estudio señala sobre todo Facebook y Myspace) incita a un mayor consumo de tabaco, alcohol y drogas. ¿Sorprendidos?

Y ¿por qué dicha conclusión? La razón la encontramos en las imágenes colgadas por los usuarios, entre las que no suelen faltar escenas de consumo de este tipo de sustancias o con los efectos colaterales. Dichas imágenes, relacionadas siempre con la diversión, podrían incitar a lo más jóvenes a imitarles. En palabras de uno de los responsables del estudio: "La relación entre las imágenes de jóvenes bebiendo o consumiendo drogas en la redes sociales y la sugestión del adolescente, aumenta el riesgo de que los jóvenes sucumban ante las ofertas de droga y lamentablemente, confirma que una imagen vale más que mil palabras". Llegan a afirmar que quienes dedican más tiempo a navegar por sus redes sociales, muestran mayores niveles de adicción: consumen hasta cinco veces más tabaco y dos veces más marihuana.

Para demostrar tales conclusiones, el estudio ofrece los datos recopilados entre jóvenes estadounidenses de entre 13 a 17 años. De quienes se han declarado ser usuarios habituales de estas redes sociales, casi la mitad (40%) afirma haber visto en más de una ocasión imágenes de amigos o familiares donde se consumía alcohol, tabaco u otro tipo de droga.

Críticas al estudio

Ya ha habido voces discrepantes ante la publicación de dicho estudio, y la mayor parte de ellas apuntan a que con ello, los responsables buscaban algo de notoriedad a través de conclusiones sensacionalistas, y, lo peor de todo, bastante simplistas para colgarse el cartel de científico, al obviar otras circunstancias socio-económicas y familiares que influyen de manera más notoria en dicho consumo.