La industria musical logra que se obligue a los operadores a desconectar al usuario de P2P

La lucha contra las descargas se endurece en Europa. En concreto hoy conocemos el caso de Irlanda, donde el Gobierno ha apostado de forma definitiva por la persecución al usuario de redes P2P a petición de la industria cultural y obligará a los operadores a desconectar a aquellos que intercambien archivos con derechos de autor.

A pesar del fracaso que ha supuesto el sistema de los tres avisos en algunos países como Francia, los gobiernos de otros países europeos siguen creyendo que con él lograrán frenar las descargas de contenidos con copyright. Uno de los más activos en este sentido ha sido Irlanda, que el pasado año dio los primeros pasos para que los operadores se implicasen en su modelo antidescargas y persiguiesen a los usuarios de redes como BitTorrent o eMule.

Meses más tarde, conocemos de la mano de TorrentFreak la aprobación de la medida que obliga a los operadores a desconectar a quienes infrinjan con sus descargas la propiedad intelectual. En caso de desobediencia por parte de las compañías de banda ancha, se establecen medidas cautelares contra ellas y se las podría responsabilizar de dichas infracciones.

Las grandes compañías discográficas han sido las impulsoras de la modificación legislativa. Parece que estas compañías no han quedado conformes con la eliminación del material ilegal por parte de los usuarios y pretenden que se amenace con mayor contundencia para frenar las supuestas pérdidas que les producen las descargas.

De este modo, el sistema de los tres avisos quedaría eliminado pero se abriría la puerta a hacer de los operadores los jueces que decidirían qué usuarios habrían de ver interrumpida su conexión a petición de la industria cultural. Las compañías proveedoras de la conexión a Internet se encontrarían ante la espada y la pared y probablemente barrerían para el lado más fácil -que no es precisamente el del internauta- con tal de no enfrentarse a posible sanciones.

¿Qué efecto tendrá esta nueva medida? ¿Será un nuevo fracaso? ¿Hasta cuándo seguirán cediendo los gobiernos europeos ante las presiones de la industria cultural? Estas son sólo algunas de las cuestiones que se plantean ante lo que a todas luces parece una de las medidas más restrictivas en materia de derechos en Internet en Europa.