El estreno de películas en las salas y en la Red de forma paralela como alternativa a la piratería

La llegada de las películas a las salas de cine a la par que aterrizan en Internet comienza a verse como una alternativa a tener en cuenta por parte de los agentes implicados en la distribución. Así lo ve, por ejemplo, el operador sueco Telia, que consdiera que no deben alargarse tanto los plazos como en la actualidad para que una película dé el salto del cine a Internet.

De la mano de Bitelia conocemos la última propuesta de Telia, operador nórdico cuya filial en España es Yoigo en el negocio de la telefonía móvil. Su sugerencia pasa por combatir y minimizar las prácticas de los usuarios a la hora de consumir películas de reciente estreno en las salas a través de Internet, por medio de los llamados screeners. La compañía considera que si sólo pasan 2 semanas desde el estreno en cines y el estreno en la Red, se reduciría la llamada "piratería".

"Es claro y estoy convencido de que si muestras las películas antes a través de un buen sistema de paquetes por demanda se podría frenar el intercambio ilegal de archivos", señala Patrick Hiselius, director del operador. "Preferimos pensar en una solución, una nueva vía de modelo de negocio en la demanda por prestación antes que enviar cartas de advertencias y bloquear accesos a Internet", argumenta.

Para ello, su compañía ya se encuentra negociando con las productoras que trabajan en el país escandinavo, aunque la cerrazón de la industria cinematográfica pone en duda que se tengan en cuenta en serio estas propuestas. Hasta hace unos años, el clásico sistema de distribución les permitía obtener ingentes beneficios, pero la realidad tras la irrupción de Internet es otra y a estas compañías les está costando demasiado adaptarse a esta evolución.

Hace sólo unas semanas conocimos la propuesta de la industria cinematográfica estadounidense que da fe de estos problemas para cambiar su modelo de negocio. Esta pasaba por ofrecer el estreno de películas en la Red pasados dos meses tras su estreno en las salas y antes de que estas llegasen a la televisión. Cada usuario pagaría 30 dólares (algo más de 21 euros), un precio desproporcionado y que condenaría a este modelo al más absoluto fracaso.

La sugerencia de Telia es buena pero habría de verse reforzada con una oferta accesible a todos los bolsillos. Ahí está el futuro de la industria cultural y cuanto más tarde en verlo peor será para sus arcas dado que los usuarios optarán por otras alternativas, también legales por más que intente criminalizar la industria, pero que no reportan beneficios a estas compañías.

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