Intel matará los Core con una nueva arquitectura x86 más potente y eficiente en 2020

En los últimos años, los tamaños de fabricación de los procesadores y chips del mercado se han reducido a una velocidad menor de la que deberían si nos dejamos guiar por la Ley de Moore. Esto implica que los aumentos de potencia y eficiencia están más espaciados en el tiempo, y todo es debido a que se están alcanzando los límites físicos de reducción de tamaño del silicio, cuya estructura atómica no puede descender de unos 2-3 nanómetros.

Nueva arquitectura en 2020

Por ello, el sistema actual de reducción de tamaño del silicio no puede llegar más allá del año 2020, haciendo necesario un diseño alternativo a las arquitecturas actuales. Esto es en lo que estaría trabajando Intel en la actualidad, de cara tenerlo listo para el año 2020. Los Core actuales, introducidos hace ya 8 años con la arquitectura Nehalem de 45 nanómetros, verían su fin en 2019 con la arquitectura Tigerlake de 10 nanómetros, quedando la hoja de ruta de Intel de la siguiente manera:

  • 32 nm Westmere (2010)
  • 32 nm Sandy Bridge (2011)
  • 22 nm Ivy Bridge (2012)
  • 22 nm Haswell (2013)
  • 14 nm Broadwell (2014)
  • 14 nm Skylake (2015)
  • 14 nm Kaby Lake (2016)
  • 10 nm Cannonlake (2017)
  • 14 nm Coffee Lake (2018)
  • 10 nm Icelake (2018)
  • 10 nm Tigerlake (2019)
  • Nueva arquitectura (2020)

Intel fue quien inventó la arquitectura x86, mientras que AMD inventó la x86_64, necesitando ambas compañías la licencia de la otra para comercializar sus respectivos procesadores. Los procesadores de Intel han sido retrocompatibles a nivel de arquitectura con los anteriores desde 2008, añadiendo nuevas funciones en cada ‘tock’ manteniendo el diseño del ‘tick’ anterior.

La nueva arquitectura acabaría con funciones heredadas del x86_64 actual

El hecho de que estos nuevos procesadores no vayan a ser retrocompatibles es algo bueno de cara a mejorar el rendimiento y la eficiencia, ya que se pueden eliminar funciones anticuadas heredadas de iteraciones anteriores, y aprovechar mejor el espacio del procesador. Intel ha tomado ya algunos pasos en esta dirección con Skylake, haciendo cambios enfocados a aumentar la eficiencia de los procesadores y simplificar su diseño.

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Los nuevos procesadores llegarían primero a los ordenadores de consumidores y al sector empresarial, mientras que los servidores sí seguirían utilizando los procesadores x86 actuales por temas de compatibilidad, y que más paulatinamente irían siendo reemplazados por esta nueva arquitectura de Intel.

La eliminación de estas funciones heredadas no quiere decir que la incompatibilidad vaya a ser total. Intel está trabajando en emular sistemas x86 en procesadores ARM y viceversa, por lo que este tipo de limitaciones se podrían eliminar con soluciones de emulación que la propia Intel está diseñando.

Además, esta serie de procesadores mucho más eficiente y compacta podría suponer la entrada de Intel en los procesadores para teléfonos móviles y dispositivos portátiles más allá de los procesadores Core M actuales. Lo que está claro es que estos procesadores van a ser más potentes, más eficientes, y más baratos de fabricar.