El 4K empezó como un nicho que estaba enfocado a aquellos usuarios con los ordenadores más potentes, siendo necesario mínimo una configuración de un par de tarjetas gráficas en SLI para lograr una calidad gráfica aceptable con un rendimiento superior a los 60 fps. En el último par de años, gracias a la presentación de nuevas tarjetas gráficas, y la reducción de precio de las pantallas, esto está cambiando.
Tarjeta gráfica potente
Para empezar, necesitamos una tarjeta gráfica con una memoria bastante elevada. Debido al elevado tráfico y a la cantidad de texturas que hay que gestionar, se necesitan en la actualidad un mínimo de entre 4 y 6 GB de VRAM, siendo 8 GB más que suficientes para gestionar esa resolución no encontrarnos problemas de ancho de banda.
La memoria es una condición necesaria, pero no suficiente. Es por ello que, si queremos una gran calidad gráfica, necesitamos una tarjeta gráfica potente. En la actualidad, y como vamos a ver en los benchmark de más abajo, si queremos jugar en 4K con soltura y una alta calidad gráfica, necesitamos una NVIDIA GTX 1080, cuyo precio ronda los 740 euros.
También podemos hacernos con una GTX 980 Ti, o una AMD Fury X, cuya potencia permite alcanzar los 45 fps en máxima calidad, y bajando algún ajuste puede hacer que lleguemos a los 60 fps. O si no, también encontramos la GTX 1070, que si bien no se encuentra a un precio asequible ahora mismo (unos 470 euros), permite alcanzar un par de FPS más en la mayoría de títulos actuales.
En los benchmarks realizados para obtener esta tabla se estableció la configuración gráfica de máxima calidad, mientras que quedaban desactivadas funciones que ofrecen los fabricantes, como AMD TressFX o NVIDIA Gameworks. Con el fin de ganar algún frame, se puede desactivar o reducir el antialiasing, ya que manejando resoluciones de 4K, los dientes de sierra quedan ya suficientemente reducidos. Por último, las sombras son el primer ajuste que solemos reducir en el caso de necesitar más frames en un juego.
Compromisos en calidad que no merecen la pena con gráficas menos potentes
Debido a los altos precios de las nuevas tarjetas gráficas lanzadas al mercado, y que sus anteriores versiones han estado con nosotros desde hace dos años, son muchos los usuarios que intentan jugar en 4K con tarjetas gráficas como la GTX 970, la AMD R9 390, o la más reciente AMD RX 480.
Esto supone que hay que recurrir a ajustes de calidad media para alcanzar los 60 fps. Al fin y al cabo, si nos compramos una pantalla 4K es para disfrutar de una mejor calidad gráfica, y si jugamos a una resolución muy alta como es el caso del 4K, unas texturas en calidad media ‘cantan’ demasiado.
Otra opción que podríamos tener más a mano es hacer SLI o Crossfire con nuestra tarjeta gráfica. Por la mitad de lo que nos costó nuestra tarjeta en su momento podemos ganar entre un 30 y un 60% de rendimiento, siempre que nuestra fuente de alimentación y nuestra placa base puedan con ello. El problema de estas configuraciones es que necesitan perfiles específicos de juegos populares para funcionar, y no suelen ser estables.
Los monitores y las TV, cada vez más baratos
Cuando salieron los primeros monitores y televisiones 4K, estos costaban más de 900 euros en el caso de los monitores, y miles de euros en el caso de las televisiones. Por suerte, al poco tiempo de ser lanzada una tecnología al mercado, si los fabricantes empiezan a implementarlo y los consumidores a demandarlo, su precio se reduce significativamente.
Esto ha permitido que en la actualidad un monitor 4K como el Samsung U28E590D cueste 375 euros. De otras marcas encontramos también un Benq BL2420U por 399 euros, y un AOC U2879VF por 380.35 euros. Por otro lado, una televisión 4K vale un poquito más, costando una Samsung UE40KU6000K unos 515 euros, o una televisión LG 40UH630V unos 412 euros.
Un detalle importante a la hora de elegir un monitor gaming es la fluidez. En el caso de que compremos un monitor 4K, y nuestro ordenador no sea capaz de llegar a 60 fps, es bueno contar con rápidos tiempos de respuesta (1 ms), y también debemos tener en cuenta tecnologías de sincronización de frames como FreeSync o G-Sync. De los monitores mencionados, el Samsung y el AOC cuentan con 1ms de tiempo de respuesta, y ambos montan paneles de 60 Hz, y son compatibles con Freesync.
Estas tecnologías de sincronización permiten sincronizar el tiempo de refresco de la tarjeta gráfica con el del monitor, de tal manera que se elimine el tearing en las imágenes (cuando aparece un fotograma mientras en la pantalla se está mostrando otro, dando lugar a imágenes ‘cortadas’).
Conclusiones
Por tanto, la conclusión más importante que nos queda de este asunto es que necesitamos mucho dinero si queremos disfrutar de una experiencia completa de juego en 4K. un ordenador equilibrado con una NVIDIA GTX 1080 nos puede salir por 1.300 euros, mientras que un monitor nos cuesta unos 400 euros. Por tanto, nos estamos plantando en los 1.700 euros. Aun así, esto es más barato que hace un par de años, y seguirá bajando de precio conforme avance el tiempo.
Otra opción que tenemos más a mano si caemos en las redes del marketing es comprar una PlayStation 4 Pro, la cual Sony asegura que introducirá experiencias de juego en 4K… pero con calidades gráficas medias o bajas, pues la potencia de esta consola está a la par con tarjetas gráficas de hace 2 años, que exhiben los problemas de los que hablábamos en el segundo apartado. Además, serán muy pocos los que alcancen el 4K nativo, siendo la mayoría reescalados.
Finalmente, la decisión queda a vuestro criterio. Qué preferís, ¿1080p o 2K a 144 Hz, o 4K a 60 fps?