Probamos Tor Messenger, mucho más que mensajería «anónima»

Probamos Tor Messenger, mucho más que mensajería «anónima»

Carlos González

Ha llegado esta semana, y es el nuevo cliente de ‘mensajería anónima’ con el mismo nombre que el archiconocido navegador web. Nosotros ya lo hemos probado con diferentes plataformas con las que es compatible, como Twitter y Facebook, y os podemos adelantar que va más allá de la ‘mensajería anónima‘ y el intercambio de mensajes seguros, un campo donde se posicionan también alternativas como Telegram, por ejemplo.

Para empezar, hablamos de un cliente de mensajería que es compatible con ordenadores Windows, Linux y Mac OS X. Por lo tanto, estamos hablando de un software para equipos de escritorio, y que soporta los sistemas de Google Talk, Facebook Chat, Twitter y algunos otros. Lo primero que debemos hacer, evidentemente, es descargar el instalador correspondiente a nuestro sistema operativo. Una vez instalado, encontraremos un primer panel de configuración de proxy y tráfico enrutado, que podemos dejar que se ajuste por sí solo según los parámetros más convenientes.

Una vez dentro, podemos configurar nuestras cuentas de Facebook o Twitter, así como el resto de servicios compatibles. Y precisamente lo interesante de este mensajero es que, aunque estaremos utilizando Twitter y Facebook igualmente, se encarga de camuflar el tráfico que generamos para que se desconozca el origen. La cuestión es, ¿para qué quiero esto si ya me he registrado con datos personales?

Más que ‘mensajería anónima’

Es este el punto interesante de Tor Messenger, que podemos utilizar servicios normales y corrientes de una forma que, perdonad el atrevimiento, catalogaría de ‘extraordinaria’. A fin de cuentas, lo que hacemos es utilizar el mismo sistema de tráfico ‘enrutado’ de la red TOR para intercambiar información, de modo que no se pueda registrar la dirección IP del cliente -nosotros- y no se pueda localizar ‘de ninguna forma’ el origen.

De esta forma, podemos tuitear o hablar por Facebook con la seguridad de que, aunque se conoce nuestra identidad por el perfil en la red social que corresponda, no se puede rastrear nuestra ubicación. Y es que, aunque en el uso regular de Twitter podemos desactivar las opciones de ubicación, nuestra dirección IP desvela desde dónde utilizamos el servicio.